miércoles 27 de enero de 2010

Carlos Romero: 'La unión hace la fuerza, la irresponsabilidad el fracaso'

El nacionalismo al que nos enfrentamos el próximo otoño es un enemigo poderoso y carente de escrúpulos según han demostrado y es ahora cuando deberíamos construir un frente común para su contención.


Corría el año 58 a.C, cuando el brillante procónsul de la Galia Trans y Cisalpina Cayo Julio César se disponía a realizar una gesta de tal magnitud que nunca jamás sería igualada por ningún hombre en la historia: la conquista y pacificación del territorio celta de la Galia. Ésta a la sazón era habitada por numerosas tribus distintas entre sí pero con una fuerte cultura común, por tanto, constituían en su conjunto un rival y un obstáculo a tener el cuenta por el procónsul de Roma. Conocedor de la situación de descoyuntara y desunión de los galos, pronto César se percató de la facilidad con que podía romanizar a aquellas gentes aguerridas y salvajes. En apenas 8 años colocó a la gran Galia bajo el yugo romano.

Más de 1800 años después, el magnífico político y orador estadounidense Abraham Lincoln en uno de sus famosos discursos mientras las baterías de una guerra entre hermanos resonaban en la distancia, afirmó que una casa dividida contra sí misma no puede durar.
Cientos de ejemplos encontramos en nuestra historia sobre los problemas y penalidades que acarrea la dispersión, casi siempre en pos del beneficio o egoísmo de unos pocos, frente al poderío de la unión. César no lo hubiese tenido tan fácil con los arrogantes galos, EEUU se hubiera ahorrado cientos de víctimas en su cruel guerra civil…

La situación política en esa hermosa región española denominada Cataluña dista mucho de ser la idónea en pleno siglo XXI. Allí una élite, nacionalsocialista se entiende, pretende imponer su modelo de sociedad feudal basado en la diferenciación entre ciudadanos de primera y de segunda dependiendo si siguen o no las directrices del gobierno capitaneado por el inefable bachiller cordobés Montilla. Un modelo el suyo, caduco a raíz de las revoluciones liberales del siglo XIX, cimentado en las relaciones cuasi clientelares de dicha élite poderosa y sus infelices vasallos por medio de las generosas subvenciones a grupos afines y demás artimañas de tintes inmorales que despilfarran el dinero de todos los contribuyentes españoles a los que señalan como principal causa de sus penurias y humillaciones(curioso e incluso jocoso acontecimiento si no fuera porque, en plena crisis económica, vuelan nuestros euros de bolsillo en bolsillo para financiar actos liberticidas y totalitarios…).

La sociedad catalana en su mayoría vive al margen de dichas acciones, confiando por otra parte plenamente en el vetusto nacionalismo conservador pujolista o en este caso, en el desastroso nacionalsocialismo de pseudo izquierda. Sin embargo, buena parte de los catalanes defraudados y asqueados con la deriva nacional-catalanista del PSC (en teoría el grupo socialista mayoritario) han puesto sus miras en otras opciones políticas, cercanas a la Cataluña real y alejada de esa utópica e insensata sociedad medieval, otras opciones de corte izquierdista, socialista o socialdemócrata al que numerosos liberales se han unido por el desencanto ante una derecha tibia distraída en cuestiones internas y deseosa de pactar con los nacionalistas para llegar a la poltrona, esa opción real en Cataluña no es otra sino Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (C’s).

C’s nació en 2006 como única opción ante el nacionalismo imperante. El distanciamiento del PSC de sus postulados socialistas le dio a Ciudadanos las alas necesarias para conseguir tres actas como diputados en el Parlament apenas meses después de su fundación. Las claves de este abrumador éxito fueron variadas, entre ellas, a mi juicio, la más importante fue la unidad con la que concurrió el voto no nacionalista, sin fisuras en torno a C’s.

Años después, varias cosas se han mantenido y otras han variado. El tripartito aún sigue en el poder mientras que por desgracia, esa unidad antinacionalista antes comentada, tiene visos de disolverse al menos a priori. Hace unos días, el partido de Rosa Díez, Unión Progreso y Democracia anunciaba en un comunicado su intención de presentarse a las próximas elecciones que se celebrarán en Cataluña. Si echamos un leve vistazo al programa ideológico de UPyD encontramos innumerables similitudes con el programa político de C’s que no hacen sino minar la unidad no nacionalista, dividiendo absurdamente el voto. De facto, la entera falta de organización de UPyD en Cataluña demuestra que prefieren el ser protagonistas frente al verdadero cambio que la política catalana necesita. Las causas de esta desunión son claras pues la historia nos las mostraron: el egoísmo y la prepotencia unidos a un afán de protagonismo común, por otro lado, en la esfera política española.

El nacionalismo al que nos enfrentamos el próximo otoño es un enemigo poderoso y carente de escrúpulos según han demostrado en infinitas ocasiones y es ahora cuando deberíamos construir un frente común para su contención, expulsándolos de una vez por todas de la bellísima región de Cataluña. Desgraciadamente, la irresponsabilidad de unos pocos puede poner en serio riesgo esta vital misión, esperemos que finalmente esa parte de la casa dividida contra sí misma reaccione y comprenda su error antes de que sus cimientos se desmoronen dejando vía libre a que el nacionalista de turno siembre sus simientes liberticidas que terminen con todo el huerto español que tanto nos costó labrar.

Carlos Romero Montilla, miembro de Ciudadanos (C's) en Granada.

1 comentarios:

Ruth Lortzing Queralt dijo...

Es nuestra responsabilidad crear la conciencia de que, lo mismo que los niños consentidos, los ni-ni, el nacionalismo no sirve para nada, ni para nadie.No trae nada bueno, mas que quizá para unos pocos que chupan del trabajo del resto. Lo que te digo, son como ninis de esos.
Animo,es cuestión de trabajo!!!!